Es lamentable que
cada año el vertedero de mijaguito sea noticia por la mala o nula gestión que
vienen aplicando en el municipio con respecto a la materia ambiental, en la
cual coloquialmente consideramos están “RASPAOS”. La disposición final de los
residuos le ha quedado grande a la actual gestión y ha llevado a que Acarigua
se convierta en una ciudad donde la anarquía y la basura es lo que
más predomina en su paisaje
urbano, que la hacen que cada día pierda
más su identidad y siga siendo una
ciudad sin ciudadanos, gobernada sin
ninguna visión de futuro y criterio ecológico.
Desde sus inicios el vertedero de mijaguito ha contado
con una mala planificación y cada gobernante de turno, solo busca la forma de
cómo sacarle una buena tajada al negocio de la contaminación ambiental que allí
existe, sin importarle la viabilidad ambiental de los proyectos que
anuncian. Cada gobernante siempre anuncia la compra de compactadoras o en su
oportunidad buscaban la explotación granzón que hay en las
entrañas del vertedero. Aunque el
tema del manejo de la basura es muy complejo, no lo podemos seguir
viendo como una utopía, solo por el
hecho que nunca lo han asumido
con claridad y responsabilidad
esta problemática.
Con burocracia y demagogia política, no vamos a
solucionar nunca el problema de la basura, con estas palabras no buscamos
echarle más leña al fuego, pero es necesario recordar que no todo árbol caído
sirve para leña, nosotros siempre hemos tratado de ser parte de la solución de
los problemas presentando posibles soluciones a la cual han sido indiferentes y
esto sencillamente se debe, porque apoyar a un ambientalista es querer hacer
las cosas bien, es querer luchar por una ciudad más humana, por una ciudad
conservacionista, pensando en un futuro sustentable y sostenible en el tiempo.
Una disposición inadecuada de los residuos es muy
peligrosa, no se puede ser indiferente a la representación de más de 100 mil
habitantes que viven en la zona sur de
Acarigua y que a diario sienten los
efectos de toda está contaminación que los está matando. Estar al frente de una
función pública como gobernante por elección popular, debe ser y es una
gran responsabilidad en lo social y lo
ecológico, pero fundamentalmente un gran compromiso en lo ético y en lo moral, que
debe estar por encima de la cultura del
contrato y el concreto.